ANAXÍMENES: Permanece intelectualmente
prisionero del mundo de lo sensible; el agua no le aparece apropiada como arjé,
sin embargo, la atmósfera, y concretamente el aire satisface su exigencia de no
tener límites: el aire que llena el cuerpo del hombre es idéntico al principio
que lo anima, a su alma. Mientras que en la elección del arjé parece haber un
paso atrás, desde el punto de vista de la acción del arjé representa un notable
progreso: del aire brotan todas las cosas por condensación y rarefacción.
PITAGORAS de SAMOS: Más bien debemos hablar de
una comunidad de carácter ascético-religioso. Para los pitagóricos el arjé es
el número, ya que todo es explicable a partir de ellos y el orden es un
conjunto; así, la unidad se representa por un punto, con dos puntos tenemos una
línea, con tres la superficie y con cuatro el volumen. La suma de estos cuatro
números básicos es igual a 10 (Tetraktys) y se representa por un triángulo. Así
pues, las cosas son números, y por ello el arjé no es algo físicamente material
sino algo formal y abstracto: todo es mate matizable, es decir, reducible a
números.





